CUANDO
FUIMOS ETERNOS
Los días amanecían cada día con mil aventuras por vivir, pasábamos el tiempo entre los peldaños de la escalera de un portal, o en ese banco del parque donde nos sentíamos como en casa, en aquel callejón donde siempre encontrábamos la salida al mayor de los problemas, problemas como que se nos pinchara el balón con el que jugábamos los mayores campeonatos del mundo de futbol, o que se nos rompiera nuestra bicicleta, que nos hacía sentir libres como el viento mientras recorríamos las calles de nuestro barrio…
Éramos eternos y lo sabíamos, para nosotros las hojas del calendario no significaban tiempo, solo nos preocupaba ver el capítulo de nuestra serie de dibujos preferida, y de vez en cuando hacer algún buen acto para que los Reyes Magos lo tuvieran en cuenta llegado el momento y colmaran nuestra cama de regalos…
Las mayores aventuras se vivían en verano, y las mejores conquistas de amor se vivían sin saberlo… Éramos tan fuertes que ni los Dioses del Olimpo se podían comparar con nosotros… eso sí, nuestros padres mentaban al hombre del saco o al coco al anochecer y enseguida nos cogía el sueño… no conocíamos la palabra imposible porque nada impedía que volásemos con nuestra imaginación y fuéramos dueños de nuestro propio destino…
Y es que quien no ha sido un vaquero o indio, quien no ha sido doctor o enfermo, quien no ha sido camarero o cocinero, quien no ha sido conductor de camión o maestro, quien no ha sido mago o actor de cine, quien no ha sido campeón del mundo, quien no ha sido cantante o rey del mundo…
Nuestros mayores tesoros del mundo los guardábamos en una lata de galletas de las antiguas, o en una caja de zapatos que le cogíamos a nuestra madre… donde guardábamos nuestros cromos y nuestra peonza, esas canicas de cristal con la que pasábamos las tardes jugando, esa comba con la que tantos saltos al infinito hicimos, aquellos primeros cuentos, nuestros primeros tebeos, y esos caramelos que pensábamos dejar para luego y al final se terminaban derritiendo…
Cuando fue la última vez que tus amigos te llamaron para que salieras a jugar a la calle… cuando fue la última vez que al ver iluminarse la lámpara que iluminaba la fachada de casa sabias que tenias que volver para cenar… cuando fue la última vez que te sorprendiste al amanecer y ver bajo tu almohada el regalo que te había dejado el ratoncito Pérez… cuando fue la última vez que creíste ser el mayor Pirata del mundo, o la Princesa del cuento infinito…
Cuando fue la última vez que sentiste el abrazo de tus abuelos mientras te dejaban ese regalito a escondidas para que lo gastaras en chuches… Cuando fue la última vez que le contaste a tu hermano o hermana ese secreto del primer amor no correspondido y su abrazo fue el mayor de los refugios… Cuando fue la última vez que tuviste que hacer tareas para llevar al cole y no las llevaste y sentiste el miedo de la posible regañina del profe de turno…
Cuando fue la última vez que te hiciste un raspón jugando con tus amigos del barrio… Cuando fue la última vez que dejaste de ser eterno para convertirte en lo que ahora somos… el momento… sin pensar en que somos eternos… cuando dejamos que la magia muriese por dentro para hacernos sentir que nada es infinito y que un reloj manda tu tiempo…
Ayer fue pasado, ahora conquista tus sueños… por que mañana… mañana llegará de momento… Cuando éramos infinitos… Pero no sabíamos que nada es eterno… y es que la muerte esta tan segura de ganarte la batalla que te da una vida de ventaja… Y ahora que el verano toma el callejón de la salida y el otoño empieza a coger carrerilla…
Cuando todo vuelve a volver, el café de las siete, las prisas del baño, los atascos interminables, los trabajos frustrados, los abrazos rotos, el sentimiento de culpa por no hacer la tarea con tus hijos por no tener tiempo, las comidas a medias y las cenas imposibles, los sueños rotos en esa almohada que no nos deja de susurrar cada noche que ya nada es eterno y las facturas esperan…
Cuando hacemos realidad aquella mítica serie de los problemas crecen… es cuando debemos mirar atrás y pensar que todo lo que era infinito ahora se nos hace eterno… y esperamos el sofá de casa como el descanso del guerrero, donde dejamos que todos los problemas que tiempos atrás eran simples pesadillas ahora sean los dueños de nuestro destino…
Y pensar que queríamos
crecer cuando verdaderamente éramos infinitos… éramos dueños de nuestro tiempo…
Solo nos queda pensar en todo aquellos momentos vividos y que formaron la
historia de lo que hoy hemos sido… y seremos… Espíritus infinitos en un mundo
llamado Tiempo… Carpe Diem…

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