LA
SONRISA INFINITA
Caminamos día a día,
desde que nuestros ojos se abren de par en par para encontrarnos de nuevo con
la realidad de nuestro amanecer, y dejamos de lado los sueños de Edipo y de los
dioses del viaje astral. Volvemos a nuestras deudas, a nuestros problemas de
los quehaceres de cada casa, de los agobios de todo lo que nos rodea y forma
esa espiral eterna como un infinito que nunca acaba… Esa nómina que cada mes
llega con menos cifras a la derecha, esos índices económicos que cada día
crecen en nuestra contra, este verano que se está haciendo eterno sin dejarnos
respirar y llenar nuestras macetas del verdín de esa agua que ya debería haber
regado nuestro jarro de paciencia…
Y luchamos por
conseguir nuestro lugar en el mundo, y peleamos con uñas y dientes, hacemos
paradas en el camino para tomar aire y seguir empuñando la esperanza como
bandera de que todo cambiará, pero nada de eso sucede y nuestra espera nos
desespera mientras gritamos que no somos dueños de nuestro propio destino…
Aunque seamos los más ciegos en el país de los videntes y no tengamos los reaños
de dar ese puñetazo en la mesa con el que dejemos claro que lo nuestro es
nuestro y nadie nos lo puede negar…
Un anochecer más en la
mochila, un nuevo lunes al sol que se oscurece mientras el reloj vuelve a
marcar el segundero ahogadizo hasta marcar ese momento en el que debamos tomar
el camino al matadero que nos está esquilmando la vida entre cafés de maquina a
mitad de la jornada y un almuerzo frio y distante de los que más queremos…
Miramos a quienes nos rodean y vemos la desesperación en sus ojos, están
sumidos en nuestra misma espiral de
tristeza, somos el batallón de los olvidados, aquellos que parece que no tienen
derecho a obtener la bandera de la alegría fuera de los muros de su hogar…
Las represalias de
quienes nos legislan no dejan a medias el grito silenciado de nuestras
gargantas, y una vez más volvemos a ese lucha sempiterna que nos deja agotados,
sin darnos de nuevo la razón aunque sepamos que estamos en el camino indicado,
pero su intolerancia nos acorrala, nos aprisiona y nos vuelve a dejar sumidos
en la oscuridad de nuestra propia luz eterna…
No es tan distante la
puerta, y cada paso que damos con fuerza nos acerca más a encontrar en nuestros
sueños de Edipo lo que tanto anhelamos, lo que tanto deseamos, que no es un
sueño imposible querer alcanzar la tranquilidad para poder lograr la felicidad
de ese paraíso prometido, que no es otro que sentirte profeta en tu propia
tierra…
El paso de romper la división
y sentirnos uno es la única solución a la lucha eterna, crear puentes por los
que alcanzar la frontera y derrocar al enemigo de nuestra verdadera tristeza…
Dejar de ser esclavos de nuestros pensamientos y lograr que todo el que desea
vernos bajo el yugo de la opresión, deje de sentirse poderoso y doblegue sus
fuerzas abandonando sus artimañas de rapiña…
Todo es posible, si creemos en nosotros mismos, si tenemos Fe en lo que realmente deseamos, si realmente lo visualizamos y trabajamos para que nuestros objetivos se cumplan, para que por fin y de una vez por todas, esa risa infinita que nos ahoga por dentro, se libere y sea el inicio de nuestra gran verdad, que somos únicos y como tales debemos marcar nuestro propio camino sin que nada ni nadie nos pueda dejar atrás…
Somos dueños de nuestras propias decisiones, somos dueños de
nuestro propio destino, somos los creadores de nuestro único camino… Sonriamos
infinitamente, sonriamos desde el corazón, sonriamos con la verdad… Aquí o en
cualquier lugar del mundo… Lo conseguiremos… seremos esa Risa Eterna que nos
abrace por dentro…

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