Seguidores

lunes, 15 de agosto de 2022

UNA NOCHE DE VERANO


 

UNA NOCHE DE VERANO...

    Las mayores aventuras siempre se vivían en noches de verano, cuando te guiabas por las luces del alumbrado de las calles, y sabias que cuando se encendían era hora de volver a casa, porque ya estaría todo preparado para cenar y ver cualquier programa en la tele, de esos que entonces si entretenían y educaban… 


    Los amores primeros siempre se vivían en cualquier noche de verano, amores que se culminaban con una sonrisa de aceptación y un beso en la mejilla, que agarrados de la mano jurábamos amor eterno, sin saber que la vida nos aguardaba a la vuelta de la esquina… Veranos de bicicleta y rio, o alberca, a no ser que tuvieses la suerte de vivir cerca de la costa y entonces tu día a día se marcaba por el compas de las olas que cada día o con más asiduidad podrías saltar jugando a hacer castillos en el aire… 


    Las mejores pandillas eran las que crecían en verano, cuando llegaban a tu pueblo los “forasteros”, que no eran más que los hijos de emigrantes que habían salido de sus lugares de procedencia en busca de mejor fortuna y siempre volvían a casa por verano y por navidad… Aquellas noches de San Juan, en el que quemando hogueras, no te dabas cuenta de que quemabas el tiempo de tu reloj, y pasarías de pedir el deseo de hacerte mayor, a medir ahora pasados los cuarenta el tiempo que ya no nos queda… 


    Veranos de piscina con olor a ciprés y a pino, donde vivías momentos que jamás ya volverán… Entonces los veranos eran fugaces y no eternos, y pasado el quince de agosto ya sabias que el olor a imprenta y a libros nuevos estaba a la vuelta de la esquina… en esa esquina donde estaba la papelería del barrio, que ya empezabas a ver como llegaban esas primeras cajas con todo el material que después emplearíamos para desarrollar nuestras tareas escolares… 


    Aquellos veranos de botijo y melón que traía el abuelo de la huerta, esos melones que sí que sabían a melón… y los helados que nos comíamos furtivamente sin que nuestra madre nos viera y no nos regañase por comer tantas chucherías… la infancia de un verano eterno que ahora miras atrás y no son nada más que recuerdos… momentos que entonces no le dabas el valor que tenían y ya no se pueden recuperar… 


    La juventud tendría que ser eterna… Pero eso amigo o amiga, es imposible, y el reloj sigue marcando los segundos en el minutero, cual despiadado enemigo, sin darnos pausa a degustar cada instante que la vida nos regala, porque cuando cierras los ojos y los vuelves a abrir todo ha pasado… y nada vuelve a ser igual… 


    Otro quince mas a la mochila… el verano pronto nos dará la espalda, y escucharemos esa triste canción que el dúo dinámico marcaba el antes y el después de la canícula y ese otoño que empezaba el día que tenias que volver a clase y contar tus hazañas de verano a todos tus compañeros de clase… esas aulas con olor a crema de aftersun y a colonia fresca, que iniciaba los pasos de otro año más, dejando atrás el verano de nuestras vidas…

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario